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lunes, 22 de marzo de 2010

Bolivia: “Cholita Libre” para todo el mundo

El film fue presentado el pasado viernes 19 de marzo en el Institut “Goethe” de La Paz

Bolivia: “Cholita Libre” para todo el mundo

Para un extranjero la Lucha Libre de mujeres parece algo absurdo y muy exótico. Sin embargo, en Bolivia la Lucha Libre de las Cholitas no sólo es una realidad sino que es muy importante para mucha gente.

Las luchadoras son intransigentes, curiosas, apasionadas y siempre dispuestas a llegar hasta el límite y cuestionar normas de la sociedad en la que viven. Y no solamente lo hacen en el ring, sino también en su vida cotidiana.

El documental acompaña a cuatro mujeres en La Paz, que intentan compaginar sus vidas familiares y profesionales con su pasión por la lucha libre.

Tres meses y medio vivieron las directoras Jana Richter und Rike Holtz con las cuatro protagonistas y sus familias. Les ayudaron a pelar patatas para su pensión, repartieron comida, llevaron a los niños al colegio y entrenaron juntas con las luchadoras en el ring que todos los sábados se monta en el patio. Las acompañaron en las luchas cotidianas en las que tienen que sostenerse las cuatro Cholitas que nunca pierden su dignidad por más desesperada que sea la situación. Porque algo es cierto: el que no lucha, ya ha perdido. Leer mas

La cinta

Rodada en formato HD digital, entre enero y abril de 2009, Cholita libre es una semblanza de la cotidianidad de Carmen Rosa, la Campeona; Claudina, la Maldita; Yolanda, la Amorosa, y Rosita Rompecorazones, amas de casa, madres, trabajadoras de día; rudas “cachascanistas” en las noches y los fines de semana.

Según la realizadora, “el carácter fuerte y la decisión que tienen estas mujeres” va de la mano con su oficio de luchadoras “porque acá pelean de verdad en el ring, no como en Estados Unidos, donde las luchadoras sólo muestran sus cuerpos”.

Carmen Rosa y Yolanda —una joven madre soltera— son cocineras y atienden juntas un negocio; y Rosita está casada, tiene un hijo de dos años y a la vez estudia para terminar la secundaria.

En esta realidad, alternada con los entrenamientos y peleas oficiales, se inmiscuyeron Richter y Holtz para lograr el metraje que ya tiene proyecciones programadas en una media docena de países.

Desde abril, la película se verá en Argentina, Canadá, Rusia, Rumania y Holanda, y ya casi está confirmada su participación en el Festival de Cine de Locarno, de Suiza.

Luego de la función del próximo viernes, las alemanas aún no tienen un espacio para difundir su trabajo de manera masiva. “Vamos a buscar contactos con la Cinemateca Boliviana y otras empresas, porque Cholita libre está hecha para que lo vean los bolivianos”, sostuvo Richter.

Dos alemanas convivieron cuatro meses con cholitas luchadoras.

Para destacar

El filme Cholita libre se estrenará el viernes 19 de marzo en el Goethe Institut de La Paz.

El rodaje, de 70 minutos, refleja la vida de cuatro paceñas que se dedican a la lucha libre profesional.

A la par que sus peleas y entrenamientos, también se muestra su rutina cotidiana y familiar.

Una de las realizadoras alemanas destaca la fortaleza general de la mujer paceña como motivación.

La cinta será exhibida en varios países de Europa y aún se busca espacio para difundirla en el país. Leer mas

¡Felicidades a las cineastas Jana Richter y Rike Holtz!

Excelente documental para resaltar el rol de la mujer aymará y la Lucha Libre.

Notas extraídas de La Prensa y el Goethe Institut

martes, 16 de marzo de 2010

Crónicas de un viaje a Bolivia. "Doy gracias a Dios por ser boliviano"

Crónicas de un viaje a Bolivia. "Doy gracias a Dios por ser boliviano"

ENTREVISTA a Waltert 'Tataque' Quisbert, gigante de 2.20 metros, campeón de boxeo y actual peleador de lucha libre

- Hola, ¿ésta es la casa de Walter Quisbert?

- Sí, es mi papá, pero ahora estoy solo.- me contesta la voz de un niño.

- Oye, ¿sabes si tu papá fue boxeador?

El niño piensa un momento.

- Sí, parece que sí, mi papá siempre boxea.

- ¿Y tu papá es muy alto?- le pregunto entusiasmado.

- No, es bajito, pero forzudo… mi papá siempre boxea con el vecino.

- Ah, disculpa, no es el Walter que yo creía.- le digo y cuelgo el teléfono.

Llevo varios días buscando al ex campeón sudamericano de boxeo. A veces he pensado que el gigante de 2 metros 20 es como esa montaña enorme que vigila La Paz desde la altura. Con 6462 metros parecería cosa fácil descubrir al 'Illimani' a la distancia. No obstante, en mi estadía en la ciudad, la montaña siempre se ha escondido detrás de un montón de nubes. Algo parecido ocurre con Walter Quisbert: su colosal figura se escabulle de mis manos bajo un cúmulo de rumores.

Es extraño, porque si uno pregunta por él, la mayoría de las personas lo conocen. Algunos, incluso, asocian recuerdos personales con el deportista: "Cuando niño me llevaron a verlo bailar en el carnaval", "Él salió campeón cuando me casé en 1980", etc. Nadie, sin embargo, sabe a ciencia cierta cómo ubicarlo.

A pesar de tener más de 50 años, Walter sigue subiéndose de vez en cuando a los cuadriláteros. Cambió, eso sí, los pantalones cortos y los guantes de cuero por una malla de peleador de lucha libre

Un taxista me comenta que Walter ha instalado un gimnasio donde enseña boxeo. En una tienda de artículos deportivos me dicen que trabaja como guardia en un restauran de Calacoto. El presidente de la asociación de boxeo de La Paz me indica que perdió el contacto con el señor Quisbert hace años y que sería mejor entrevistar al 'Matador' Mamani, un púgil boliviano vigente.

En la guía de números de teléfonos figuran al menos seis Walter Quisbert. Ninguno reconoce pesar 170 kilos o encorvarse al cruzar las puertas. Así, después de buscar direcciones y lugares que ya no existen, tras escuchar historias en las que daban a Walter por muerto o tomando sol en Panamá, llego a lo que parece un callejón sin salida. Algo ha fallado en la búsqueda. Pienso una y otra vez hasta que resuena en mi cabeza la voz del presidente de la asociación de boxeo: "Para qué quiere hablar con él, si fue campeón hace ya tantos años". Es allí cuando me doy cuenta que siempre he pensado en Walter como una historia del pasado. Sin embargo, a pesar de tener más de 50 años, Walter sigue subiéndose de vez en cuando a los cuadriláteros. Cambió, eso sí, los pantalones cortos y los guantes de cuero, por una malla de peleador de lucha libre. Hago contacto con Alberto Medrano, entusiasta difusor de la lucha libre boliviana. Él será el encargado de guiarme hasta el hogar del gigante.

Hace no tanto, en Uyuni, un fotógrafo argentino me dijo que un viajero es el que huye de la planificación, camina sin prisas ni prejuicios y hace suyo todo lo que observa. Ahora, Walter Quisbert, sentado en un sofá en el que apenas cabe, me arroja una frase para probar de qué estoy hecho:

Walter Quisbert en su casa

- Yo cobro por dar entrevistas.- dice serio y luego se queda en silencio.

A esta altura del viaje mis finanzas son escuálidas. No puedo pagarle. Por un instante pienso en el Gigante Egoísta; ese personaje de un cuento de Oscar Wilde que no permitía el ingreso al fabuloso jardín de su castillo. Sin embargo, ya he llegado a su departamento. Walter me escruta mientras se oye el rumor del televisor que está en el living. Yo observo la habitación y en una esquina descubro una fotografía en la que Walter posa junto a su mujer en el día de su boda. De reojo miro a Marina que está a mi lado. Ella permanece muda. Walter es intimidante. Entonces juego mi última carta. Le digo que soy un viajero, que encontrarlo ha sido un desafío por el cual he recorrido La Paz durante días y todo porque me apasiona difundir las historias de los lugares y personas que he ido conociendo a lo largo de mi viaje. Walter me mira y tal vez regresa a su adolescencia; al viaje que hizo a pie desde La Paz hasta Arica. 500 kilómetros junto a los amigos del barrio, en un periplo que cambiaría el curso de su vida.

- Contigo voy a hacer una excepción.- me dice y por primera vez sonríe.

¿Qué recuerdos tienes de tu infancia?

Tuve una niñez de oro. Yo nací en La Paz y en esa época éramos muy sanos. Se jugaba 'Choca' (emboque), luego venía el tiempo de los voladores (cometas). Ahora han cambiado nuestras tradiciones. Eso ya no existe.

¿Cuál es tu primera aventura, la primera vez que sales de ese mundo de oro?

A los 14 años me fui a Chile, porque mi hermana vivía allí. Viajé sin documentos ni nada. Me fui caminando, con mis amigos del barrio. Nos demoramos como una semana en llegar a Arica.

¿Y qué hiciste en Chile?

Mi hermana vendía frutas y yo le ayudaba. A los 15 ya medía un metro noventa y un día, en la calle, un tipo me para y me dice que era entrenador de boxeo y me invita a entrenar a un gimnasio. Se llamaba Santiago Peta. Comencé a entrenar y conocí a Luis Cuadra, campeón chileno. También a los Toledo y a los González. Entré a pelear en la categoría de peso pesado. En esa época pesaba unos 99 kilos.

¿Recuerdas tu primera pelea?

A los 15 años ya medía un metro noventa y un día, en la calle, un tipo me para y me dice que era entrenador de boxeo y me invita a entrenar a un gimnasio

Hubo un campeonato de debutantes en el coliseo 'Fortín Sotomayor', de Arica. Allí gané el campeonato. Eso fue el 70 ó 71. Cuando pasó lo del 73 (se refiere al golpe de estado que derroca a Salvador Allende en Chile) retorné a Bolivia.

¿Seguiste boxeando?

Aquí bailé de caporal en los carnavales. Por mi estatura, yo iba adelante. También, entre el 74 y 76, jugué basketball. Fui uno de los mejores pívots de La Paz. Por esa fecha, el 76, vino la selección de boxeo de Arica a La Paz. Santiago Peta me trajo un diploma, por el campeonato que había ganado. Allí me prestaron más atención en el ambiente y la federación boliviana me invitó a los 'Juegos Bolivarianos' de 1977.

¿Boxeo amateur?

Sí, pero no usábamos cabezal (protector). En los 'Bolivarianos' me enfrenté a Castillo (ecuatoriano), a un peruano y a un venezolano. Salí campeón y era una locura. Me dieron trofeos y el mismo Hugo Banzer me entregó unas medallas. El 78 me pasé al boxeo profesional. En 1980 fui campeón sudamericano.

¿Qué sentías antes de pelear?

Primero está el nerviosismo. A cada rato vas al baño a hacer 'pis'. Solo en el camarín, das vueltas de un lado a otro. Cuando uno se sube al ring, eso se pierde.

¿Qué boxeadores fueron tus referentes?

(En los 'Juegos Bolivarianos') salí campeón y era una locura. (...) el mismo Hugo Banzer me entregó unas medallas. El 78 me pasé al boxeo profesional. En 1980 fui campeón sudamericano

Antes había más boxeo en la categoría peso pesado. Yo admiraba a Alí, un boxeador muy inteligente. También recuerdo a Alfredo Evangelista. Yo estuve boxeando como seis años, después me fui a la lucha libre, porque me gustaban las cosas violentas. Hay que nacer para esto y tener sangre. (Se toma la nariz y la mueve de un lado a otro.) Me sacaron el cartílago en Buenos Aires. Así ya no siento los golpes.

¿Y cómo fue tu paso del boxeo a la lucha libre?

La lucha libre en Bolivia se parece a la de México. Es más real. Se necesita una preparación dura. Yo hacia de 'Tataque' o 'Gigante de América'. Tuve que entrenar mucho, porque es diferente al boxeo. Se requiere mayor agilidad. Antes hacia harta pesa, levantaba 180 kilos en banco plano. Yo peleaba contra 'La Momia', 'El hombre Lobo'. De allí no paré. Estoy hasta ahora con las cholitas luchadoras. Lo de las cholitas nació en El Alto. Yo empecé a recomendarlas, porque soy más conocido. Ellas pelean igual que los hombres, arriba de un cuadrilátero y vestidas con trajes típicos. Mujeres deportistas.

Tú tienes varias mujeres en la casa, tus hijas, ¿están ligadas al deporte?

No. Mis hijas nacieron en La Paz y Cochabamba. No están ligadas al deporte, pero si te puedo decir que gracias a mi esposa no me embobé con la fama. La fama hay que saberla llevar con pinzas.

Estas son crónicas de viaje, recomiéndame lugares para conocer

Conozco 24 países, pero no cambio por nada a Bolivia. Esto es el paraíso. Acá tenemos de todo

Sabes, conozco 24 países, pero no cambio por nada a Bolivia. Esto es el paraíso. Acá tenemos de todo: fruta natural, paisajes, buena gente. Pero si tuviera que recomendarte algún lugar tienes que visitar Tiwanaku, Sorata, Tikina, Copacabana, Coroico y la 'ruta de la muerte', Rurrenabaque, San José de Chiquitos, Santa Cruz y así podría estar todo el día. Y para comer, en Warisata, por ejemplo, puedes probar un exquisito pescado.

¿Qué importancia ha tenido tu estatura en tu vida?

Ser tan alto tiene ventajas y desventajas. Yo viví en Panamá gracias a la lucha libre. También conozco toda Centroamérica. Hoy tengo un restauran en Santa Cruz y otro en Cochabamba, pero sigo metido en la lucha libre. Ahora peleo junto a 'Chuky' y la gente me sigue saludando en la calle. Ser alto me ha servido para todo esto, pero ante todo yo doy gracias a Dios por ser boliviano.

Una de las hijas de Walter entra al living. Trae refrescos. La chica debe medir cerca de un metro setenta. Se parece a su madre. Él la mira orgulloso. Después nos sacamos fotografías. Mientras posa, el luchador me dice que hace 2 meses le detectaron diabetes y que ahora cuida estrictamente su dieta. Luego hablamos de la suerte de otros gigantes y Walter me confiesa un sueño: quiere conocer al Gigante González, un argentino de 2.30 metros que ahora está enfermo. Una reunión de extraños, hermanados por la estatura.

Debemos partir. Walter nos dice que la próxima vez que estemos en La Paz volvamos a verlo. El gigante ha derribado el muro del castillo: podremos visitar su jardín cuando queramos.

Crónica extraida del periódico digital Bottup

viernes, 26 de febrero de 2010

Made in Bolivia: “Cholitas Voladoras”

Crónica publicada en la Revista SOHO de Colombia

Made in Bolivia: “Cholitas Voladoras”

Por: Juan Pablo Meneses

Hay madres solteras a las que les toca trabajar duro. También hay algunas que están dispuestas a aguantarse heridas y golpes para ganarse la vida. Y sin embargo, en Bolivia, las cholitas que luchan a 4900 metros de altura dicen estar peleando en el cielo.
Jennifer es mala. Por eso todos aplauden cuando la empujan al suelo, y la ablandan a patadas, y le tuercen la garganta, y la arrastran tirando de las trenzas de su peinado de chola. Mientras la golpean, el público del Multifuncional de La Ceja en El Alto, en Bolivia, le tira botellas de plástico, huesos de pollo y tapas de gaseosas. Su cara es de sufrimiento. Está furiosa y adolorida. Es mala, pero orgullosa. Jennifer saca lo último que le queda de fuerza, empuja a su rival y le hace una zancadilla. Ahora, ella domina la situación. Salta sobre la cara de su contrincante y luego le dobla el brazo hasta hacerlo crujir. Entonces Jennifer se trepa a las cuerdas en una esquina, levanta sus brazos como si tratara de agarrar el abucheo del público en su contra, mira a su rival tumbada sobre la lona y se lanza a volar.

Vuela, y su vestido típico de chola aymara flamea sobre el aire.
Vuela, y sus ojos se clavan en esa víctima sobre la que dejará caer todo su peso.
Vuela, mientras estallan los flashes de los turistas gringos de la primera fila.
Vuela, saboreando la venganza de los malos.
Vuela, como un águila pesada que pierde altura.

Vuela, y medio segundo antes de aterrizar, su rival se mueve unos centímetros.

Jennifer aterriza con su cara en la lona. El golpe al tocar tierra es seco, suficiente para romper las costillas de cualquiera que no esté entrenado para la lucha libre. El público se ríe de su desgracia mientras ella, la mala de esta película en vivo, se retuerce como si la acabaran de atropellar. Minutos más tarde, después de recibir nuevas patadas y nuevos golpes de puño y nuevas llaves que le tuercen los brazos, la mujer recibirá la cuenta de uno y dos y tres y habrá perdido el combate. Bajará del ring entre gritos de ¡loca! ¡loca! ¡loca! Y los alaridos no se detendrán hasta que ingrese al camarín: ¡loca! ¡loca! ¡loca!

—En la calle también me gritan. Yo vivo aquí, en El Alto, y cuando voy por la calle me dicen ¡loca! —comenta. Su nombre de luchadora es Jennifer Dos Caras, aunque ahora habla como Ana María, su verdadera identidad.

Estamos en la zona de camarines del Multifuncional de El Alto, una ciudad boliviana vecina a La Paz, con un millón de habitantes a 4900 metros de altura. Según todos aquí, El Multifuncional es el gimnasio más alto del mundo. "Estamos cerca del cielo", dice el locutor que anuncia las luchas. El recinto, por donde pasean perros cojos y no tiene baños, alguna vez fue una iglesia. Durante los días de semana aquí se juega básquetbol y fútbol sala, a veces hay actos políticos y todos los domingos se desarrolla una nueva jornada de la lucha libre: un espectáculo que, gracias a las cholitas luchadoras, aparece en las guías de viaje y se llena de turistas extranjeros.

—¿Se golpean de verdad?

—Claro que sí. Todas aquí tenemos muchas lesiones, y por eso entrenamos tanto. Yo he tenido varias quemaduras por la lucha —dice Jennifer, y se levanta las mangas para mostrarme varias cicatrices en ambos antebrazos.
Jennifer Dos Caras es dura, incluso cuando habla como Ana María. Sin embargo, el argumento por el que dice que le gusta ser mala demuestra su bondad:

—El público se desahoga, se libera insultándome. Me gusta ser mala porque sirve para que los espectadores hagan una catarsis. Me gusta provocarlos, para que se liberen. Hace un tiempo fui buena, una temporada, pero me aburría.

Jennifer tiene dos hijos, uno de 14 y una de 7. A veces ellos la vienen a ver, pero a ella no le gusta. En su casa hay una colección de fotos de la madre volando con su vestido de cholita. Vive exclusivamente de la lucha, cobra unos 60 dólares por pelea, y ella mantiene la casa. Es soltera y no se ve con el padre de sus hijos:

—Soy sola y mala —y se ríe.


***
Nos hemos acostumbrado a que en Latinoamérica todo se lucha. Hemos aprendido que no hay verdadera causa, si no estamos dispuestos a luchar por ella. En épocas de crisis económicas, muchas manifestaciones políticas de la región terminan con el coro: "¡Morir luchando, de hambre ni cagando!".

En la zona de El Alto, donde las cholitas vuelan antes de caer a la lona, la mayoría de los muros están pintados con frases que juntan las palabras "Evo" y "Lucha". En ellos se anuncia que el presidente de Bolivia está luchando contra la pobreza, luchando contra el abuso extranjero, luchando contra el analfabetismo. "No dejaremos de luchar", dice Evo Morales el día que asume en su segundo periodo consecutivo como jefe de Estado. La lucha en boca de todos. La lucha como parte del día a día, en una Latinoamérica con 1200 muertos diarios por violencia urbana. La lucha como parte del discurso. La lucha como algo serio, nunca para la risa. El opuesto a la lucha de hoy en el Multifuncional de El Alto, donde los luchadores siempre provocan que el público estalle en carcajadas.

Comparados con la realidad, los luchadores de ring se ven como una caricatura a pilas. Como un juguete. Basta recordar El club de la pelea, la novela de lucha de Chuck Palahniuk, llevada al cine por David Fincher y protagonizada por Brad Pitt. En un momento, uno de los peleadores va al hospital por fuertes dolores. Le dice al médico que lo atienda rápido, que está sufriendo. El médico le responde: "¿Quieres ver sufrimiento de verdad? Visita el pabellón de cáncer testicular. Eso es dolor".

Nadie toma en serio los verdaderos dolores de los luchadores de ring. Tampoco el de las famosas cholitas de la lucha bolivianas.

Elizabeth es una cholita buena. Dentro del mundo de la lucha libre boliviana están los tácticos y los rudos. Las luchadoras cuyo perfil es el de ser malas son las rudas. Elizabeth, en cambio, es una cholita táctica.

Elizabeth sube al escenario luciendo un largo faldón de colores y un gorro gris de chola. El público la aplaude y ella saluda con los modos de una luchadora buena. El locutor de la velada le pasa el micrófono, y ella saluda a una niña del público que está de cumpleaños. La festejada, que no tiene más de 10 años y está en compañía de sus hermanos, padres y abuela, se llama Alicia. A la lucha libre boliviana llegan muchas familias completas, como la de Alicia.

—Mi niña, además de saludarte por tu cumpleaños, quiero decirte que estudies. Que nunca dejes de estudiar, para que te vaya bien en la vida. Además, no pelees con tus padres, que te quieren mucho. Que Dios te bendiga —le dice Elizabeth, desde el ring, y todo el público aplaude a esta cholita buena.

Para llegar a luchar el domingo, las cholitas luchadoras han pasado por toda una semana de preparación. Los lunes hay descanso. Los martes es la preparación física, con pesas, trote y abdominales. Los miércoles es descanso. Los jueves es de prácticas sobre el cuadrilátero. Los viernes es descanso. Los sábados es el ensayo general para el gran día, el domingo, hoy.

Elizabeth es gruesa y ágil, como todas. Salta frente a su rival hasta tumbarlo en la lona. Luego corre hasta las cuerdas, se abalanza sobre ellas como si fueran un elástico, y sale disparada con todo su vestido flameando hasta chocar con su contrincante.

—Me gusta que vengan tantos extranjeros. Eso demuestra que lo que ofrecemos es de gran calidad. Llevo cinco años en esto, y la verdad es que estoy muy contenta —dice Elizabeth fuera del ring, después de un triunfo fácil. Mientras habla, los niños de El Alto se acercan para abrazarla, para tocarla, para tomarse fotos.

Si bien cada domingo de pelea hay unos diez combates, la mayoría con hombres sobre el ring, son las cholitas las que han cambiado la cara de la lucha libre boliviana. En algunos puestos de videos de la feria de El Alto, un paraíso de mercancía robada y pirata, venden el legendario programa de El show de Cristina de junio de 2008: cuando varias de ellas estuvieron en el set con Cristina Saralegui. Para muchos, eso fue el comienzo del cambio. El inicio de la llegada de fotógrafos y documentalistas europeos, japoneses y de Estados Unidos. Y de ahí, el desarrollo de la industria turística en La Paz, que llena buses con turistas y los sienta al lado del cuadrilátero.

En primera fila, para ver en detalles y cerca del cielo a estas cholitas que vuelan mientras luchan por una mejor vida.



***
Carmen Rosa es buena y está tumbada en el piso, abajo del ring, cuando le parten un cajón de madera en la cabeza. El público chilla, insulta, pero el árbitro de la pelea no hace nada para detener el ataque a mansalva. La cholita Carmen Rosa, una de las más legendarias competidoras del cachacascanismo boliviano, ahora está combatiendo con 'la Fiera': un gordo de más de cien kilos y traje blanco ajustado. Desde hace un tiempo, tan llamativos como las peleas entre cholitas, son los combates entre un hombre y una mujer. El gordo apodado 'la Fiera', que promete no tener compasión, consigue otro cajón con qué pegarle a la cabeza de su víctima. Algunos turistas se espantan. Toman fotos con asombro mientras, a pocos metros, 'la Fiera' del traje ajustado le da golpes con objetos contundentes a una cholita querida por el público.

—¡Maricón! ¡Maricón! ¡Métete con un hombre! —le gritan desde todos los costados del estadio. Los niños, los padres, los abuelos, los turistas.

Gina Grey, 24 años, nació en Sacramento, estudió antropología en la UCLA y lleva un mes viajando por Bolivia. Llegó a mirar la lucha libre como parte de los recorridos imperdibles que venden las agencias de turismo de La Paz. Pagó 40 dólares por un paquete que incluye el traslado, el ingreso al Multifuncional, un vaso de bebida, una bolsa con palomitas de maíz, dos tickets para ir a un baño que está afuera del recinto y una artesanía en miniatura de una cholita. Junto a ella hay una veintena de jóvenes gringos, todos en primera fila, que llevan gorros bolivianos y mochilas artesanales. Gina me había dicho, con un español con acento de inglés californiano, que le parecía gracioso ver el espectáculo. Antes de los combates se le veía risueña. Les tomaba fotos a los niños bolivianos y a las abuelas con vestidos de chola sentadas entre el público. Sin embargo, de pronto, todo parece haber cambiado. Mientras el gordo de blanco golpea la cabeza de Carmen Rosa, Gina se enfurece y se suma a los gritos:

—¡Maricón! ¡Maricón!

El árbitro detiene la golpiza y obliga a los dos luchadores a subir al ring. Una vez arriba, Carmen Rosa renueva las fuerzas, tumba a 'la Fiera' y comienza a estrangularle el tobillo derecho. Todo se da vuelta en unos pocos minutos. El público la vitorea, mientras ella escala las cuerdas antes de saltar. Desde lo alto levanta los brazos y todos, incluyendo a Gina y sus amigos, la alientan con aplausos y vivas. Carmen Rosa, transformada en una vengadora de la violencia de los hombres contra las mujeres, se impulsa con toda su fuerza y vuela.

Vuela, y su vestido típico de chola aymara flamea sobre el aire.
Vuela, todavía con las marcas del cajón roto en su cabeza.
Vuela, mientras el público la ovaciona enardecidamente, como a la heroína necesaria.
Vuela, saboreando la venganza de los buenos.
Vuela, y 'la Fiera' no se alcanza a mover cuando ella aterriza.

Carmen Rosa deja caer toda su pesada carrocería sobre el pecho del gordo luchador. La victoria es seguida entre ¡vivas! que parecen derribar este pequeño estadio que alguna vez fue iglesia y que está tan cerca del cielo, a 4.900 metros de altura. Los turistas de la primera fila toman fotos, mientras las familias de las tribunas populares no se cansan de aplaudir.

El espectáculo de las cholitas luchadoras parece gozar de buena salud. Todos saben que, gracias a ellas, la lucha libre boliviana ha podido destacar frente a industrias poderosas latinoamericanas como la lucha libre mexicana o la lucha libre argentina. Tal es el éxito, que más de uno se declara el inventor del fenómeno.

Juan Mamani, conocido como 'el Gitano' y responsable del espectáculo, se anuncia como el inventor de tan lucrativa variante de la lucha libre: las cholitas luchadoras. Sin embargo, al poco tiempo de la aparición de estas luchadoras de vestidos largos, muchas de ellas se fueron a trabajar con la compañía dirigida por Benjamín Simonini, conocido por su nombre de luchador rudo 'Kid Simonini'.

Más allá de las disputas entre dueños de compañías, hay un luchador que tiene pruebas de que todo fue invento de él. Su nombre es Édgar Zabala, aunque en el mundo de la lucha libre boliviana se le conoce como 'Comandante Zabala'. Édgar tiene 45 años, un peinado con gel y la nariz rota en varias partes. Lleva más de 25 años en el ambiente y llegó al ring de la lucha libre tras un paso por el boxeo. Competía en categoría mosca, soñó boxear una final del mundo, y ahí comenzaron a romperle el tabique.

—La primera vez que hubo una cholita luchadora, fui yo —dice, serio, vestido con el traje militar con que en un rato saldrá a competir como 'el Comandante Zabala'.

Cuenta que fue hace unos diez años, y que se le ocurrió salir al ring vestido de chola como una humorada. Como parte del lado divertido que siempre debe tener la lucha libre. Lo que él no sabía, ni menos el jefe de la compañía, era el éxito que iba a tener ver a cholitas sobre el escenario. Rápidamente, 'el Gitano' comenzó a reclutar mujeres que estuvieran dispuestas a volar sobre el ring y aterrizar con sus costillas. A la primera convocatoria llegaron más de 50. Hoy en día, hay varias en lista de espera, para ser las futuras Carmen Rosa: la mujer que se sobrepuso a los golpes de cajón en la cabeza, y fue capaz de tumbar a su pesado rival en medio de los vítores de un estadio lleno.


***
Cuando uno llega a La Paz, es habitual cruzarse en la calle con cholitas, como se les dice "cariñosamente" a las mujeres indígenas que visten su atuendo tradicional. Las cholas, como muchos descendientes de los aymaras, son el símbolo de la discriminación de la cual han sido objeto los indígenas y campesinos en Bolivia. Sin embargo, dicha vestimenta también es señal de un prestigio propio de quienes mantienen los valores de una cultura antigua. Cuando uno sube a El Alto, la presencia de las cholitas se hace mucho más evidente.

Desde El Alto, donde está el Multifuncional de la lucha libre, se logra una vista panorámica y casi completa de la ciudad de La Paz. Ahí abajo está la capital, los grandes edificios, el palacio de gobierno y los hoteles donde se hospedan los turistas. Aquí, en cambio, las calles son de tierra, la gente sobrevive con el comercio ambulante y al menor descuido puedes ser víctima de un robo. El Alto es considerado una zona roja, en la que hay que andar atento. Sin embargo, la fama de los alteños tiene que ver más con la lucha que con los robos de poca monta.

Fueron los alteños quienes comenzaron la revuelta popular que terminó con la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, paso previo al presidente Carlos Mesa, antecesor de la llegada de Evo Morales al poder.

—El Alto es un bastión de Evo. Acá es zona roja, pero Evo puede caminar por aquí sin custodia y nadie le haría nada —me dice Alberto Medrano, un periodista de El Alto, gran promotor de la lucha libre boliviana.

La jornada de combate termina pasadas las nueve de la noche. El frío de los casi 5000 metros de altura se ha dejado caer. Los turistas se han subido a los buses para bajar hasta La Paz, mientras las familias de El Alto se van caminando hasta sus casas. Carmen Rosa, una de las luchadoras más legendarias, me dice que mañana es el día de descanso y estará con sus hijos. Me cuenta que es una mujer de trabajo, que los titanes del ring le han servido para tener una mejor vida, pero que tampoco es que gane mucho dinero. Dice que, de todas maneras, tiene otras ocupaciones porque tiene familia y la vida es lucha. Cuenta que los golpes más fuertes del domingo le duran hasta el martes. Y dice que esta noche, antes de dormirse, repasará en la cabeza sus mejores piruetas.

Seguramente Carmen Rosa, la mujer que bajó del ring sudada y golpeada, se dormirá tarde y cansada. Y, posiblemente, vuelva a revivir el momento en que sube a las cuerdas. Abajo del ring el público está enloquecido y la aplaude con rabia. Gina, la antropóloga, le grita ¡Maricón! a 'la Fiera' y vitorea a la cholita. En ese momento ella abre los brazos, mira a su rival, se da un impulso y vuela.

Vuela, con su vestido de cholita al viento.
Vuela, sabiendo que en su vida siempre se ha sentido una luchadora.
Vuela, sin ganas de aterrizar.

Extraido de la Revista SOHO de Colombia

miércoles, 13 de enero de 2010

Bolivia: Mascaras del Rey Mysterio a 15 Bs.

La imagen del día

Bolivia: Mascaras del Rey Mysterio a Bs. 15

Artesanías y creatividad hecha realidad

Entre la Avenida Buenos Aires y la Uyustus de la ciudad de La Paz se puede apreciar una enorme exposición de ropa y artefactos que están a la venta. Por otro lado existen vendedores ambulantes como el caso de Limbert, un joven que ofrece mascaras de los luchadores de la WWE.

Limbert nos cuenta que él y su papá elaboran mascaras para venderlas y constantemente están de viaje por el interior y exterior del país ofreciendo sus mascaras de lucha, por la influencia de la televisión y los prototipos juveniles las mascaras poseen una peculiar característica identificada al luchador “Rey Mysterio” representante latino en la lucha libre norteamericana.

Para adquirir una mascara parecida con adimentos artesanales y enarbolada con demasiada creatividad pueden comunicarse con el joven Limbert al celular móvil 775 87 11 9 y cada mascara tiene el costo de Bs. 15

Contactos: medranoprensa@gmail.com

Descargar imagen en este enlace

lunes, 11 de enero de 2010

Grandes vidas de bolivianos pequeños

Revista Escape/Vidas

Grandes vidas de bolivianos pequeños

Texto: Jorge Quispe • Fotos: Pedro Laguna, Jorge Quispe, agencia APG, Flia. Choque y archivo La Razón

“Yo nunca me achico”, sostiene con seguridad Cresencio Choque Mamani, de 29 años, desde sus 90 centímetros de estatura, y continúa: “Un día me dije quiero ser famoso... y lo logré”. Conoce siete países y no le falta trabajo.

Cresencio, el primer “Chucky” del ring, acaba de casarse con Isabel Lorena Ramallo Ilaya (17 años) y en marzo nacerá el primer hijo de la pareja. Este potosino es uno de los bolivianos y bolivianas que viven en un mundo hecho para grandes.

“El enanismo es una deficiencia de la glándula del crecimiento por la que una persona tiene una talla considerablemente inferior a lo común”, explica el médico Juan Carlos Medrano. Puede deberse a una alteración genética o a trastornos endocrinólogos, ortopédicos o nutricionales.

A Cresencio no le interesa su baja talla. Es un hombre exitoso que logró realizar sueños. Y no es el único. Hay varios personajes de corta estatura que inscribieron su nombre en la historia, como el pintor francés Henri de Toulouse-Latrec. En La Paz de la primera mitad del siglo pasado, fue famoso por sus 60 centímetros el “muqu k’ara”, inmortalizado por la cámara fotográfica de Julio Cordero Castillo.

Una “Gotita de Amor”

En la esquina de las calles Ingavi y Socabaya, Lidia Quispe (24 años) estruja cada noche hojas de papel antes de introducirlas en una bolsa de nylon de 70 centímetros. Sus pequeñas manos actúan como prensa. “Desde el 2005, reciclo papel, cartones, nylon y todo lo desechable para después venderlo”, cuenta la mujer de pollera.

Nacida en el pueblo de Ch’ujisivi, camino a Laja, pasteaba ovejas y vacas antes de migrar a La Paz. Es la menor de ocho hermanos y la única pequeña de la familia; aunque no sabe con certeza qué estatura tiene. “La otra vez me midieron para viajar a Buenos Aires (Argentina) creo que llegué a los 15 metros…”, suelta con una sonrisa.

“La Cholita”, como la conocen sus amigos, mide cerca de 90 centímetros y es popular entre los guardias de seguridad de la Cancillería, el Banco de los Andes y las cámaras de Diputados y Senadores. “Hay papel, cholita entrá’, me dicen y yo recojo”.

Éste no es el único oficio de Lidia. “En agosto, un guardia me insistía para que vaya a luchar, yo no sabía qué era eso. Después, cuando me explicó, me entrené y viajamos con un grupo a la Argentina. En el ring soy ‘La Gotita de Amor’ y soy una luchadora técnica, no ruda”, aclara con un lenguaje propio del cuadrilátero.

Por su baja estatura, algunos le gritan ¡Enana, enana…!; pero ella los ignora. “Lo hacen por envidia, porque yo tengo trabajo. Además el Señor dice: ‘Si odias, estás odiando a mi hijo’ y yo le hago caso”. Eso sí, no deja que la lastimen “Tengo chiquito el corazón y si alguien me lo parte, no me acerco más a esa persona”, advierte.

“Gotita de Amor” rompe corazones. “Hay hartos amigos que me molestan, pero no les hago caso. Si alguien quiere ser mi pareja le digo: ‘Si me vas a querer me tienes que hablar con la verdad, por ahí te doy vergüenza por mi estatura’, así les hablo”, asegura con orgullo detrás de su manta.

Según Lidia, que sigue soltera, el año pasado tuvo al menos cinco pretendientes, pero ninguno cumplió con los requisitos para conquistar el pequeño corazón de “La Cholita”. El elegido, además de ser sincero, debe gustar de la música chicha del grupo Alaska —que a ella “le encanta”— y saber de memoria la letra del huayño Me olvido de tu amor, de la peruana Dina Condori.

¡Vivan Cresencio e Isabel…!

El matrimonio de Cresencio Choque e Isabel Ramallo estuvo a punto de cancelarse. Algunos familiares no aprobaban la unión entre el luchador, de 90 centímetros de estatura, y la estudiante, de un metro y 55 centímetros. Basilio Ilaya Linares, el tío de la novia, reniega al recordar el episodio. “Era gente envidiosa que decía que la familia iba a quedar mal y cosas por el estilo”.

Sin embargo, Cresencio siempre estuvo seguro de su amor. “¿Cómo te vas a casar con ese chato?, le decían a ella; pero nuestro amor pudo más, porque estamos enamorados y vamos a tener nuestro hijo en marzo”, revela el futuro padre, el único de talla pequeña de su familia.

Acostumbrado a pelear contra grandes obstáculos, el ex universitario de la carrera de Derecho de la Universidad Siglo XX, de Llallagua (Potosí), sorteó dificultades desde niño. “Me crié solo, salí bachiller, aprobé el examen en la universidad y después me dediqué a la lucha”, cuenta.

A los 21 años, en La Paz, debutó en la lucha libre cuando encarnó por primera vez al rudo del ring “Chucky, el Muñeco Diabólico”. Años después, se convirtió en “La Criatura de Dios”, un luchador de perfil técnico.

Rodeado de fama, Cresencio fue flechado por Cupido el 2008. Ese año, el potosino conoció a Isabel durante una gira en Buenos Aires y se enamoró perdidamente. “Mire, yo no me siento discriminado por ser chiquito. Conseguí una chica linda, pero además peleé con ‘El Nieto del Santo’, ‘El Nieto del Rayo de Jalisco’, ‘Lápida’, y como pocos conozco siete países”. Infla su pecho como la tarde del sábado 19 de diciembre en el local El Salonazo cuando se casó con Isabel.

En su casa de El Alto, el teléfono de Cresencio no deja de sonar. No falta quien desea contratarlo para alguna pelea; pero él, que ahora es luchador independiente, aclara que se dio una pausa hasta que nazca su hijo. “Tengo que estar al lado de mi esposa, quizás vuelva al ring después, pero ahora ella me necesita”.

¡El más pequeño del mundo…!

“En esta esquina: el múltiple campeón nacional, Wálter “Tatake” Quisbert, de dos metros y 20 centímetros de estatura y 180 kilos de peso. En esta otra esquina: el hombre más pequeño del mundo, el temerario y más rudo de todos los malos, con sólo 50 centímetros de estatura y 15 kilos: “Chucky, el Muñeco Diabólico”.

El parlante anuncia así, desde hace siete meses, la pelea entre el más rudo y el más técnico de los luchadores. Óscar John Quispe Mamani (17 años) esboza una sonrisa. “En realidad, no soy tan malo como me anuncian en el ring, pero mi personaje sí lo es”, sugiere detrás de una máscara del popular Rey Misterio. No 50; mide en realidad 60 centímetros, pero parecen menos al lado de los más de dos metros de “Tatake”, su mentor y su maestro, con quien charla animadamente en su casa de la zona de Gran Poder.

Óscar cumple con todos los ritos de un luchador consagrado. “No puedo revelar mi identidad, por eso uso una máscara. Ésta no es mía (enseña la de Rey Misterio que lleva) porque yo soy Chucky; pero igual, no puedo mostrarme ante mi público. Algún día protagonizaré una lucha de máscara contra cabellera”, desafía.

A su colega Cresencio Choque, el primer “Chucky” boliviano, le lanza un reto. “En cualquier ring le voy a demostrar que yo soy el verdadero Chucky. Sé que habló mal de mí, por eso estoy esperando un encuentro”, reafirma mientras gatea por el piso, al igual que el personaje de la película, para después posar amenazante ante la cámara fotográfica.

En la vida cotidiana, Óscar estudia el último curso de secundaria; este 2010 saldrá bachiller del colegio Faro Murillo y uno de sus sueños es arreglar aparatos electrónicos. “Para mi tamaño sería un buen oficio la electrónica; también me gustaría ser abogado, pero me han dicho que por mi estatura no sería recomendable”.

Fanático de Daddy Yankee y el reguetón, admite que en alguna ocasión recibió insultos por su estatura; pero él ni se inmuta. “Saco fuerza de mi corazón para seguir adelante”. Una vez no quisieron dejarlo entrar a una discoteca, pero él reveló su identidad del ring y todos le abrieron camino.

Estrellita, la reina de la Tv

En Santa Cruz, “Estrellita” es una marca registrada. Su paso por el programa televisivo Sábados Populares, a principios de los 90 en La Paz, y su consagración en Decibles Familiar en Santa Cruz, son sus principales credenciales. “Animo fiestas infantiles y en el circo hago fonomímica como payasita”, se presenta Giovana Álvarez Céliz (39), paceña de nacimiento.

Detrás de su metro y 20 centímetros de estatura, se esconden 23 años de carrera artística. “En La Paz, mi amigo ‘Pinturita’ me invitó a probarme para el show y después me quedé. Soy feliz haciendo felices a los niños y eso fue lo mejor que me dio esta carrera”.

Es que le gusta su oficio. “Si volviera a nacer, sería payasita sin dudarlo”, resume desde su local en La Cabaña, cerca del río Piraí de la capital cruceña, donde se fue cuando tenía 17 años. “Aquí siento menos rechazo que en otra ciudad contra los enanitos”.

Mientras se maquilla, “Estrellita” recuerda con algo de tristeza sus tiempos de quinceañera. “Por mi estatura no me dejaban entrar en las discotecas y cuando iba a una fiesta nadie me sacaba a bailar. Me sentía mal, pero eso ya pasó. Ahora soy famosa: salgo en la televisión y en los periódicos”.

A la hora del balance, Giovana destaca que los regalos más grandes que recibió fueron sus tres hijas, una de ellas ya la hizo abuela, y su esposo Baldemar. “Él es una persona normal, pero eso de normal entre comillas, porque yo soy como cualquiera, sólo que muy exitosa”, aclara. A su hija mayor, Luz, no le interesa la altura de su madre. “Mi mamá es el orgullo de la familia”, reafirma con emoción.

En su papel de la payasita “Estrellita”, a Giovana se la puede contactar en el celular 773-82616.

Grandes sueños

A pocos metros de la plaza Murillo, Lidia recolecta papel y cartón, y expresa un sueño: “Quisiera recoger más y ahorrar para comprar un auto y llevar yo misma mis bolsas a la recicladora”.

En la zona de Gran Poder, Óscar o “Chucky: el Muñeco Diabólico”, ensaya una llave al cuello de su maestro “Tatake” Quisbert. Dice que será el hombre más feliz del mundo cuando conozca México, la cuna de la lucha libre.

En Santa Cruz, Giovana o “Estrellita” ya se ve en su propio programa de televisión. “Se llamará El Show de Estrellita”, adelanta.

El Salonazo de Villa Victoria está repleto. Finalmente, el amor de Cresencio e Isabel triunfó sobre los prejuicios de la estatura. Ante la gran cantidad de invitados que hacen cola para entrar a su boda; desde sus 90 centímetros, el novio comenta que hubiese sido mejor alquilar otro local. Él siempre piensa en grande.

Extraído de la Revista Escape de La Razón (10/01/10)

jueves, 25 de junio de 2009

Bolivia: “Las cholitas luchadoras y el wrestling andino”

Desde Bolivia para todo el mundo

“Las cholitas luchadoras y el wrestling andino”

Por: Alberto S. Medrano Flores (*)

El pasado domingo tuve la oportunidad de ver en vivo el primer “Ring de 6 postes”, el lugar fue el Coliseo Cerrado de Viacha a 30 minutos de la Ceja de El Alto, donde incluso se presentaron las “cholitas luchadoras” que participaron en el “Show de Cristina” en julio de 2008.

Crónica y vivencias

Adopte un lugar cercano al Ring para obtener las mejores fotografías de los luchadores y más que todo para poseer las primicias fotogénicas de las “cholitas luchadoras”, pues para nadie es novedad que siguen siendo la atracción turística para cientos de extranjeros que llegan al país.

Por los camarines varios niños especulaban entre el miedo y el juego, y decían “Chuky, Chuky…” y huían en medio del terror que generaba dicho personaje de cine, además que cuando hizo su ingreso el “Hombre Lobo” provoco escalofríos a los niños y a todo el público.

Sin lugar a dudas este deporte tuvo gran éxito la pasada década, pues programas como “Furia de Titanes” y “Lucha de Campeones” acapararon gran parte del interés y atención de la gente y actualmente las “cholitas wrestling” absorbieron una atención enorme del publico nacional y extranjero.

Juanita “La Cariñosa” y Elizabeth “Robacorazones”

Las melodías de la Morenada sonaban y al son de una de las danzas más pesadas y caras ingresaba Juanita “La Cariñosa”, pasaban los minutos y la ruda Elizabeth “Robacorazones” bailando Llamerada se adheria a la lucha, degustando a todo el publico que se dio cita al Coliseo Cerrado de Viacha.

Entre golpes y la maravillosa acrobacia de las polleras se hizo de la victoria Juanita, pues Elizabeth no pudo aunque contó con la ayuda del rudo “Kid Simonini” y el “Renegado de Noche”.

(*) Contactos al correo electrónico: medranoprensa@gmail.com

Imágenes:

Primera imagen; Elizabeth encima de una mesa que Juanita la rompió saltando desde la tercera cuerda.
Segunda imagen; Jaider Lee derrotando al Dr. Wagner.
Tercera imagen; el “Hombre Lobo destrozando la cabeza de Black Demon”.


Nota:

En los próximos días voy a ampliar el reportaje a los “luchadores bolivianos”, las “cholitas wrestling” y la “Lucha Libre Boliviana”, pueden seguir las repercusiones y los informes completos en el blog de Lucha Libre Boliviana.

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